Os ofrezco un texto muy sugerente sobre la poesía, el valor de la poesía y la necesidad de la poesía en los institutos. La poesía va quedando como uno de los pocos actos libres en la actualidad. Disfrutadlo, es muy bonito.
Una cuestión de lenguaje. Eso parece ser la vida humana. La vida de ese ser indigente, menesteroso, que no puede vivir sin los otros, pensar sin los otros. Al menos, eso es lo que decía el filósofo que descubrió para qué servían las palabras y qué se podía encerrar en ellas. Esa exigencia de compañía no sólo manifiesta la necesidad de lenguaje, sino la radical soledad de cada conciencia que encuentra, a través de las palabras y del amor, la posibilidad de engarzarse con sus semejantes. Apenas hay otros puentes entre seres "eternamente separados". El origen del lenguaje y del amor tenía, sin embargo, que desarrollarse sobre un principio de libertad que permitía ver el mundo y desatascaba de las palabras acartonadas, de las frases hechas, en las que se coagula la posibilidad de pensar.
Una de las muchas tareas para una educación renovadora es el encuentro con ese inabarcable mundo de afectos y sentimientos que la poesía despierta
Mirar el mundo, entenderlo y comunicarlo fue un programa que, casi instintivamente, llevó a cabo el "animal que habla" desde el momento en que sintió la urgencia de tener que convivir. Pero el hablar "se dice de muchas maneras". Las palabras pueden fluir, facilitar inteligencia, dar luz, construir comunidad, o también ofuscarse, deteriorarse, corromperse. Parece que este enfrentamiento entre lo positivo y lo negativo, entre la creación y la corrupción es la empresa esencial del existir como seres humanos. Porque esos dos territorios se confunden y enmarañan y en ellos nos perdemos. Esta pérdida ocurre porque ya nosotros mismos estamos perdidos, descarriados; porque hemos apagado la luz del pensamiento, la autarquía de mirar con los propios ojos, o porque la asfixia de los medios de comunicación o de una escuela y educación entontecedora haya acabado por aniquilar nuestra responsabilidad y nos haya enterrado en la fosa de la alineación, emborronando el horizonte ideal que debería alentar toda existencia.
La degeneración de la mente y el crecimiento de la mentecatez es posible, hoy más que nunca, por los múltiples canales más o menos subterráneos, por los enormes charcos de información, por el imperio de opiniones tóxicas, de mensajes podridos que, sin darnos cuenta, tragamos. Este fenómeno, cada vez más presente en la paradójicamente llamada sociedad de la información, enreda y devalúa el cerebro y, de paso, va mutilando la capacidad de pensar. Hay una expresión que mide esa cretinización colectiva: el "nivel de audiencia" que, con las excepciones que se quiera y sea cual sea el espacio en que tal nivel se busque, es, en el fondo, manifestación creciente de una forma de corrupción. Es verdad que los nuevos instrumentos de comunicación pueden ser también colaboradores eficaces para ampliar, informar, e incluso ilustrar la inteligencia. Pero esto sólo es posible si aprendemos, como en los orígenes de la democracia, en el pensamiento griego, a mirar las cosas de una manera nueva y, sobre todo, a mirar las palabras.
La mirada sobre el lenguaje, la pregunta continua sobre las significaciones es una función educativa y una de las grandes empresas de la cultura. El universo de palabras que nos circunda al incorporarse como lengua materna a nuestra vida nos constituye y nos define. Pero no basta con este hecho esencial de la existencia humana, no basta con encontrarse por azar en un lenguaje. Nadie puede sentirse orgulloso de una lengua en la que, por casualidad, se ha nacido si no se es capaz de convertir ese azar en necesidad, esa casualidad en destino; si no aprende con ella a ser persona, a ser veraz, justo, solidario, decente... Esa lengua materna en la que nacemos tiene que hacerse lengua personal, lengua matriz, lengua capaz de definir y manifestar nuestros comportamientos: "¡Habla para saber quién eres!".
Una forma de cultivar esa facilidad para entender el lenguaje es la poesía. En el mundo de la pragmacia y el consumo de baratijas verbales, la palabra poética tiene una gozosa y sustanciosa espontaneidad. Las líneas del poema nos enfrentan a un uso del lenguaje absolutamente libre. No hay otro compromiso con sus palabras que el que implica la apertura a un nuevo horizonte de sensibilidad. En ese horizonte vislumbramos la propia historia enhebrada en un tejido de significaciones inesperadas, de sentidos imprevistos, provocadores y enriquecedores. La poesía nos hace ver el mundo con ojos distintos al que el uso nos marca en el diario y tantas veces vacío discurso del vivir. Por eso es, efectivamente, un mundo de creatividad, de libertad, y ser libre quiere decir, en poesía, el encuentro con un lenguaje que se dice a sí mismo y que no tiene otra posibilidad de entenderse que cobijándose bajo las alas de esa misma libertad de señalar, de significar que es, al mismo tiempo, una libertad de sentir y de entender y de amistar.
Pienso que una de las muchas tareas para una educación renovadora es, precisamente, el encuentro con la lectura, con la imaginación y con ese inabarcable mundo de afectos y sentimientos que la poesía despierta. Una poesía que nos enseña a mirar en las palabras, en su esencial liberación de otros compromisos que no sea puro lenguaje, pura significatividad, puro amor a las cosas y a sus sentidos. Somos lo que entendemos, lo que hablamos, pero también -y no sé si sobre todo- lo que amamos. La lectura de la poesía, hacer que afloren a los labios de los alumnos las palabras de los poetas y que se abran, así, a una forma originaria y viva del decir. Una función pedagógica enriquecedora sería el hacer que nuestros jóvenes estudiantes en la escuela aprendiesen a decirse la poesía, a pronunciar con esas palabras los sentimientos que nos alejan del dominio de la pragmacia y la tecnología imperante. Una forma de educación que se escapa de la destreza de los teclados, de los destellos que ofuscan millones de pantallas y que, en última instancia, compensaría el chisporroteado predominio.
Lenguaje de la economía y la miseria, del engaño y la corrupción, de la indecencia y de los defensores de la desmemoria para amparar cualquier vileza del presente con la impunidad de que nunca será recordado. En la elegía Pan y vino Hölderlin, en palabras citadas en múltiples contextos, se preguntaba: ¿Para qué poetas en tiempos de crisis? Pues para eso, precisamente para eso. Para evitar que en "épocas de miseria ocupen su lugar los timadores, los farsantes, los hechiceros, los fanáticos y otras criaturas del submundo intelectual". -
ELPAIS 22/11/2008, por EMILIO LLEDÓ.
domingo, 23 de noviembre de 2008
lunes, 3 de noviembre de 2008
SEMÁNTICA O EL FASCINANTE MUNDO DEL SIGNIFICADO
Os adjunto dos enlaces web sobre semántica:
1.: http://roble.pntic.mec.es/msanto1/lengua/1signifi.htm#m1, en este enlace encontraréis una descripción sencilla del significado, con ejercicios también asequibles.
2.: http://www.donpablos.org/lenguaje/contsitu.htm, en este enlace, la descripción es más compleja y más elaborada, no tienene ejercicios pero es perfecta para estudiar.
¡Ánimo!
1.: http://roble.pntic.mec.es/msanto1/lengua/1signifi.htm#m1, en este enlace encontraréis una descripción sencilla del significado, con ejercicios también asequibles.
2.: http://www.donpablos.org/lenguaje/contsitu.htm, en este enlace, la descripción es más compleja y más elaborada, no tienene ejercicios pero es perfecta para estudiar.
¡Ánimo!
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lunes, 27 de octubre de 2008
MUCHOS TITULOS Y POCAS LETRAS
Las carencias gramaticales de los universitarios son un obstáculo para encontrar trabajo - Bastantes no pasarían el examen de ingreso al bachillerato de hace varias décadas
JOSÉ LUIS BARBERÍA 19/10/2008
Buena parte de los universitarios no superaría hoy el listón gramatical (dos faltas de ortografía o tres de puntuación acarreaban el suspenso) que se aplicaba décadas atrás a los alumnos de nueve años en el examen de ingreso al bachillerato. Nuestros estudiantes hablan, por lo general, un castellano pobre y, a menudo, impostado, porque el sistema educativo ha descuidado en los últimos tiempos la enseñanza de la lengua, y porque tampoco la sociedad cree que hablar y escribir bien sea fundamental para el desarrollo intelectual y el éxito social y profesional. Ésa es al menos la opinión de una amplia mayoría de docentes convencidos de que asistimos a un proceso de deterioro en el buen uso de la lengua.
El hecho de que muchos universitarios acaben la carrera con graves carencias gramaticales empieza a suponer ya un obstáculo a la hora de acceder a trabajos en los que la capacidad de expresión y persuasión son imprescindibles. Así, para mejorar la calidad comunicativa de sus empleados, grandes despachos de abogados, como Garrigues o Gómez Acebo y Pombo, han adoptado en su ámbito interno libros de estilo elaborados por la Fundación del Español Urgente (Fundéu). El propio Colegio de Abogados y empresas como Red Eléctrica Española van a seguir ese ejemplo, mientras la Facultad de Derecho de la Universidad Pompeu Fabra imita a las estadounidenses e implanta la asignatura de Redacción Judicial y Documental.
"Mi percepción personal es que, en cuestión de ortografía y sintaxis, el nivel universitario es desolador", sentencia Leonardo Gómez Torrego, investigador del Instituto de Filología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Es un juicio que corrobora espontáneamente una legión de profesores con amplia experiencia docente. "Doy fe del deterioro progresivo en el uso correcto de la lengua", subraya Dolores Azorín, de la Universidad de Alicante. "Hay una diferencia abismal entre los escritos de los chavales de hace 15 años y los de ahora. Creo que la pérdida de vocabulario es la punta del iceberg de un mal endémico, estructural, de nuestro sistema de enseñanza", destaca Víctor Moreno, doctor en Filología Hispánica y autor de numerosos trabajos sobre la materia. "La mayoría, y hablamos precisamente de alumnos de Filología, no sabe expresarse bien, no domina el lenguaje y, en consecuencia, tampoco el pensamiento", apunta Manuel Alvar Ezquerra, catedrático de Lengua Española de la Universidad Complutense de Madrid.
Lo que dispara las alarmas no son las faltas de ortografía, por garrafales que sean; tampoco las confusiones léxicas del tipo "a la muerte del monarca, empezaron las guerras intestinales". Lo que preocupa verdaderamente es la incompetencia expresiva de muchos universitarios que les imposibilita comunicarse con un mínimo de sentido, coherencia y criterio. "El género sirve para designar el sexo de la palabra, sustantivo, adjetivo, artículo, pronombre...", escribió, por ejemplo, un alumno de Filología Hispánica en los pasados exámenes de septiembre. "Desde Aristóteles, se tiene conciencia de la palabra, aunque no se sabe si existe realmente", apuntó otro.
Aceptado que toda promoción estudiantil está llamada a engordar la Antología del disparate, el problema adquiere un fondo inquietante cuando se comprueba que alcanza también a los niveles teóricamente más selectos del mundo universitario. "Observo un deterioro muy grande, y no sólo ortográfico. Hay licenciados que tienen dificultades para ordenar una frase con su sujeto, verbo y complementos", asegura la directora de convocatorias de becas de La Caixa, Rosa María Molins. Los licenciados de los que habla son los aspirantes a becas de posgrado, por lo general, alumnos de elevada nota media de carrera, a quienes se les pide que expliquen en dos o tres folios las razones que les llevan a solicitar la ayuda económica, el proyecto que pretenden hacer, y dónde y cómo les gustaría desarrollarlo.
¿Cómo es posible que estos universitarios de brillante currículo presenten textos pobres y deficientes al jurado que tiene que decidir si les concede las becas (74.000 euros en 18 meses) y la oportunidad de formarse en centros internacionales del máximo nivel? ¿No se esmeraría cualquiera en su lugar para que su tarjeta de presentación estuviera exenta de faltas y, en caso de dificultad, no recabaría el asesoramiento de alguien más ducho en la materia, todo menos quedar en evidencia? La explicación no es sólo la desidia, ni las dificultades derivadas de la naturaleza ortográfica del español (en realidad, la ortografía de nuestra lengua es de las más fáciles, además de muy fonética), sino el nivel de expansión actual del problema. "El mal uso de la lengua alcanza igualmente a los propios profesores de Ciencias de la Educación. Cuando les corrijo los textos, les añado el comentario de que no pueden enseñar a nadie si cometen semejantes faltas", indica Mercedes Vico Monteolivo, defensora de la Comunidad Universitaria en Málaga.
"La lengua ha dejado de ser clave en la formación del profesorado. En Magisterio, la materia Didáctica de la Lengua es una asignatura de 6 créditos y 60 horas de clase en un cuatrimestre, así que puede que las últimas promociones de maestros no estén muy preparadas en este terreno. Hay un cierto abandono de las humanidades en la formación del profesorado, y también la literatura ha dejado de ser importante", dice el decano de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna, Humberto Hernández.
Aunque, al parecer, no hay estudios que lo certifiquen, algunos entendidos opinan que el proceso de deterioro se inició en 1990 con la entrada en vigor de la LOGSE, que amplió hasta los 16 años la edad de la enseñanza obligatoria. Piensan que, en la práctica, estos cambios trajeron consigo cierto abandono de la enseñanza de la ortografía en un sector muy amplio de la ESO, y que ese hueco no ha sido bien cubierto en la posterior etapa de los dos años de bachillerato. Pese a las sospechas de algunos expertos, no está demostrado que el bilingüismo incida en el problema, aunque se sabe que algunas becas de periodismo han sido declaradas desiertas porque los aspirantes -en este caso, alumnos formados exclusivamente en catalán y con poco uso diario del español- no alcanzaban el nivel gramatical mínimo exigido. "Los catalanes manejan el español mejor que el catalán e igual que los del resto de España", afirma Alberto Gómez Font, vicesecretario de la Fundéu y profesor de Periodismo Científico en la Universidad Pompeu Fabra. "Damos redacción en catalán y en castellano, y no vemos que haya diferencias significativas", indica Salvador Alsius, decano de Ciencias de la Información en esa misma universidad.
La cultura globalizadora uniformadora y pasiva del ocio audiovisual, el lenguaje coloquial de los medios de comunicación y la economía lingüística que acompaña la comunicación por teléfono móvil e Internet sí estarían contribuyendo a la pérdida de la riqueza expresiva del idioma. Y, sin embargo, tampoco cabe achacar todo el problema a la invocada nefasta influencia de las nuevas tecnologías que, a cambio de actualizar el género epistolar, fomentan una comunicación sustentada en abreviaturas y en un léxico elemental en el que la h ha quedado proscrita y la q es suplantada por la k. Ésta es la opinión de Alberto Gómez Font: "Las abreviaturas se utilizan desde la Edad Media, y, además, eso de que la gente lee cada vez menos es un tópico falso. Pero si se pasan todo el día en el ordenador".
Nadie niega, sin embargo, que el chateo juvenil, salpicado a menudo de ostentosas faltas de ortografía -no se sabe si fruto de la incuria, de la búsqueda del caos o del intento de asesinar a la lengua-, conlleva el apresuramiento y la precipitación, y, en esa medida, la renuncia a corregir el texto y a tratarlo con esmero. "Es normal que la jerga juvenil se renueve y resulte transgresora. La cuestión no son las abreviaturas de los SMS o los coloquialismos, sino el empobrecimiento extremo que a veces se refleja en cierta dificultad para razonar en abstracto y en la falta de adecuación al interlocutor", subraya Concepción Martínez Pasamar, directora del Instituto de Lengua y Cultura españolas de la Universidad de Navarra.
"Nada, pues aquí vengo, a que me expliques este 3, porque el examen me salió de puta madre", sería un ejemplo de esa falta de adecuación que hace que muchos universitarios españoles sólo se sirvan de una manera de expresarse, sea quien sea su interlocutor o las circunstancias de la charla. Y con demasiada frecuencia, la forma de expresión escrita es la pura oralidad vertida directamente sobre el folio en blanco: "Una breve consulta: voy a intentar presentarme al examen del día 1, si no, me presentaré al día 7. ¿Podría decirme cual es el temario que entra para examen?, la verdad es que con tanto parcial no se que entra en este examen, quisiera saber si entra de nuevo el temario del que nos hemos examinado o no. A su vez sería interesante saber los puntos del temario que entran. Espero que esta vez me entienda, saludos".
El proclamado objetivo de que, al finalizar la enseñanza obligatoria, el estudiante debe escribir sin faltas y estar gramaticalmente capacitado para cubrir sus necesidades de expresión futuras chirría enormemente al contacto con las cifras disponibles. Según el estudio del Instituto Nacional de Calidad y Evaluación, en 2001 sólo el 11% de los alumnos del último curso de ESO no cometía ninguna falta de ortografía en las letras, el 6% en las tildes y el 1% en los signos de puntuación. Pese a que en buena lógica, un universitario de fin de carrera tiene menos errores que un alumno de ESO, escribir correctamente es una habilidad que debe adquirirse con anterioridad.
En su intento de superar el empobrecimiento léxico, parte de la comunidad estudiantil busca refugio en el lenguaje administrativo y se adorna con un empalagamiento, un rebuscamiento postizo, un cultismo mal utilizado e inducido, en buena medida, por el mundo de la política y los medios de comunicación. "Lo que me preocupa es que detecto un lenguaje cada vez más alambicado, retórico y cursi. En eso, los alumnos coinciden con las gentes de la tele que quieren aparecer sofisticadas. Se ha extendido el hábito del eufemismo. El problema es más la oscuridad que la incorrección, y puede que su origen haya que buscarlo sobre todo entre los políticos y los medios", indica Ángel González, profesor de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid.
Un ejemplo de esa oscuridad impostada, de ese deleznable español que se nutre a menudo de muletillas y comodines, la aportaría el siguiente fragmento de un examen universitario: "Es obvia la existencia de dos tipos de registro en este texto. (...) Céntrome un momento en el texto culto. De la mano del redactor. Cabe resaltar la intervención, más allá de los hechos objetivamente concurridos en el evento; además de oraciones explicativas a modo de epíteto, como si se tratase un público al que todo hay que aclarárselo, también se denota la compadecida visión del propio autor hacia el mismo asunto".
Empobrecimiento del léxico y rebuscamiento impostado vienen a ser las dos caras de un mismo problema que muestra que el sistema no garantiza el aprendizaje del buen uso de la lengua.
El empleo abusivo del gerundio y de las comas -"muchos textos parecen salpicados de cagaditas de mosca", dice Alberto Gómez Font-; el uso errático de las tildes y los signos de puntuación; el desconocimiento de la ortografía; los vicios del laísmo, leísmo, yeísmo y dequeísmo; la sustitución del imperativo por el infinitivo ("comer" en lugar de "comed"), y la utilización del infinitivo como verbo principal ("decir que"... en lugar de "quiero decir que"...) compondrían algunos de los defectos más frecuentes. A eso hay que sumar la utilización de expresiones que los entendidos juzgan aberrantes, como "a nivel de...", introducidas desde la política y el periodismo.
En este panorama poco reconfortante reverdece la idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor, mientras se asienta la convicción de que, contra lo que ocurre en otros países, a nuestros estudiantes no se les forma adecuadamente en la lectura, la escritura y la oratoria; no se les enseña a exponer sus conocimientos. Los estudios internacionales de evaluación Pirls (2006) y PISA (2003) demuestran que el nivel de comprensión lectora de nuestros estudiantes de primaria y secundaria está a la cola europea y se sitúa sólo ligeramente por encima de la media de los 40 países de la OCDE.
Un dato altamente significativo es que únicamente el 40% de los alumnos españoles tiene profesores con formación específica en didáctica de la lectura, mientras que en el plano internacional, ese porcentaje asciende al 57%. Muchos docentes echan en falta la actividad escolar de la lectura en voz alta, la exposición pública oral de un tema, y la profusión de redacciones y notas escritas que se mantienen en países anglosajones, y en Italia y Francia. "Aquí no se ha prestado atención hasta hace poco a la retórica, como ocurre, por ejemplo, en EE UU con las ligas de debate universitarias", apunta Concepción Martínez. "Los ingleses cuidan mucho más la presentación", sostiene Rosa María Molins.
Sin necesidad de avalar la vieja teoría, más mito que realidad, de que hasta el más iletrado de los franceses puede expresarse con soltura y precisión, parece establecido que la competencia lingüística general (claridad, coherencia, no reiteración) en un país como Francia es superior a la de España. La razón no habría que buscarla en la naturaleza pretendidamente más lógica y diáfana de la lengua francesa, sino en el hecho, constatado por lingüistas como Eugenio Coseriu, de que se expresan de manera más lógica y diáfana. Por tanto, se trata de una cuestión de educación en su sentido más amplio.
"En Francia hay un orgullo por la lengua que no encuentro en España", constata Ángel González. "Todos los profesores franceses, sea cual sea su asignatura, son antes que nada profesores de francés", subraya Manu Montero. El ex rector de la Universidad del País Vasco piensa, sin embargo, que el problema de la ortografía y del empobrecimiento del idioma no es exclusivo del español. "Tengo noticia de que unos maestros franceses hicieron la prueba de poner unos dictados de hace 60 años y comprobaron que los alumnos de hoy cometen muchas más faltas". En todo caso, además de contar con un sistema educativo tradicionalmente orientado a la búsqueda de la brillantez expositiva, la sociedad francesa valora mucho más el hablar y escribir bien.
"Si ahora se escribe peor, es por un asunto de mentalidad, porque hay mucha gente que cree que expresarse bien no es importante y que la lengua no sirve para nada", reflexiona José Antonio Pascual, lingüista y catedrático de la Universidad Carlos III. "Aunque el dominio de la lengua es fuente de poder y resulta indispensable si se aspira a tener una cabeza bien amueblada, parece que el éxito social se ve en otras cosas, como en el dinero o la fama", indica. "Debe de haber un motivo fuerte para que la lengua, que es sutileza, posibilidad de acuerdo, lo opuesto al mundo de las verdades absolutas del blanco y negro, no esté hoy valorada en nuestra sociedad".
Con todo, José Antonio Pascual tiene un mensaje esperanzador para los universitarios que se pelean con la gramática. "Cuando Fernando Lázaro Carreter (ex director de la Real Academia Española, RAE) leyó mi tesina sobre Pío Baroja, me dijo que no se entendía nada y que, si había decidido presentarla, era exclusivamente por no dejarme sin licenciatura. Bueno, creo que con el tiempo he ido mejorando y que ahora ya no escribo tan mal", apunta con ironía. Lo dice él, que es miembro de la Academia Española.
JOSÉ LUIS BARBERÍA 19/10/2008
Buena parte de los universitarios no superaría hoy el listón gramatical (dos faltas de ortografía o tres de puntuación acarreaban el suspenso) que se aplicaba décadas atrás a los alumnos de nueve años en el examen de ingreso al bachillerato. Nuestros estudiantes hablan, por lo general, un castellano pobre y, a menudo, impostado, porque el sistema educativo ha descuidado en los últimos tiempos la enseñanza de la lengua, y porque tampoco la sociedad cree que hablar y escribir bien sea fundamental para el desarrollo intelectual y el éxito social y profesional. Ésa es al menos la opinión de una amplia mayoría de docentes convencidos de que asistimos a un proceso de deterioro en el buen uso de la lengua.
El hecho de que muchos universitarios acaben la carrera con graves carencias gramaticales empieza a suponer ya un obstáculo a la hora de acceder a trabajos en los que la capacidad de expresión y persuasión son imprescindibles. Así, para mejorar la calidad comunicativa de sus empleados, grandes despachos de abogados, como Garrigues o Gómez Acebo y Pombo, han adoptado en su ámbito interno libros de estilo elaborados por la Fundación del Español Urgente (Fundéu). El propio Colegio de Abogados y empresas como Red Eléctrica Española van a seguir ese ejemplo, mientras la Facultad de Derecho de la Universidad Pompeu Fabra imita a las estadounidenses e implanta la asignatura de Redacción Judicial y Documental.
"Mi percepción personal es que, en cuestión de ortografía y sintaxis, el nivel universitario es desolador", sentencia Leonardo Gómez Torrego, investigador del Instituto de Filología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Es un juicio que corrobora espontáneamente una legión de profesores con amplia experiencia docente. "Doy fe del deterioro progresivo en el uso correcto de la lengua", subraya Dolores Azorín, de la Universidad de Alicante. "Hay una diferencia abismal entre los escritos de los chavales de hace 15 años y los de ahora. Creo que la pérdida de vocabulario es la punta del iceberg de un mal endémico, estructural, de nuestro sistema de enseñanza", destaca Víctor Moreno, doctor en Filología Hispánica y autor de numerosos trabajos sobre la materia. "La mayoría, y hablamos precisamente de alumnos de Filología, no sabe expresarse bien, no domina el lenguaje y, en consecuencia, tampoco el pensamiento", apunta Manuel Alvar Ezquerra, catedrático de Lengua Española de la Universidad Complutense de Madrid.
Lo que dispara las alarmas no son las faltas de ortografía, por garrafales que sean; tampoco las confusiones léxicas del tipo "a la muerte del monarca, empezaron las guerras intestinales". Lo que preocupa verdaderamente es la incompetencia expresiva de muchos universitarios que les imposibilita comunicarse con un mínimo de sentido, coherencia y criterio. "El género sirve para designar el sexo de la palabra, sustantivo, adjetivo, artículo, pronombre...", escribió, por ejemplo, un alumno de Filología Hispánica en los pasados exámenes de septiembre. "Desde Aristóteles, se tiene conciencia de la palabra, aunque no se sabe si existe realmente", apuntó otro.
Aceptado que toda promoción estudiantil está llamada a engordar la Antología del disparate, el problema adquiere un fondo inquietante cuando se comprueba que alcanza también a los niveles teóricamente más selectos del mundo universitario. "Observo un deterioro muy grande, y no sólo ortográfico. Hay licenciados que tienen dificultades para ordenar una frase con su sujeto, verbo y complementos", asegura la directora de convocatorias de becas de La Caixa, Rosa María Molins. Los licenciados de los que habla son los aspirantes a becas de posgrado, por lo general, alumnos de elevada nota media de carrera, a quienes se les pide que expliquen en dos o tres folios las razones que les llevan a solicitar la ayuda económica, el proyecto que pretenden hacer, y dónde y cómo les gustaría desarrollarlo.
¿Cómo es posible que estos universitarios de brillante currículo presenten textos pobres y deficientes al jurado que tiene que decidir si les concede las becas (74.000 euros en 18 meses) y la oportunidad de formarse en centros internacionales del máximo nivel? ¿No se esmeraría cualquiera en su lugar para que su tarjeta de presentación estuviera exenta de faltas y, en caso de dificultad, no recabaría el asesoramiento de alguien más ducho en la materia, todo menos quedar en evidencia? La explicación no es sólo la desidia, ni las dificultades derivadas de la naturaleza ortográfica del español (en realidad, la ortografía de nuestra lengua es de las más fáciles, además de muy fonética), sino el nivel de expansión actual del problema. "El mal uso de la lengua alcanza igualmente a los propios profesores de Ciencias de la Educación. Cuando les corrijo los textos, les añado el comentario de que no pueden enseñar a nadie si cometen semejantes faltas", indica Mercedes Vico Monteolivo, defensora de la Comunidad Universitaria en Málaga.
"La lengua ha dejado de ser clave en la formación del profesorado. En Magisterio, la materia Didáctica de la Lengua es una asignatura de 6 créditos y 60 horas de clase en un cuatrimestre, así que puede que las últimas promociones de maestros no estén muy preparadas en este terreno. Hay un cierto abandono de las humanidades en la formación del profesorado, y también la literatura ha dejado de ser importante", dice el decano de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna, Humberto Hernández.
Aunque, al parecer, no hay estudios que lo certifiquen, algunos entendidos opinan que el proceso de deterioro se inició en 1990 con la entrada en vigor de la LOGSE, que amplió hasta los 16 años la edad de la enseñanza obligatoria. Piensan que, en la práctica, estos cambios trajeron consigo cierto abandono de la enseñanza de la ortografía en un sector muy amplio de la ESO, y que ese hueco no ha sido bien cubierto en la posterior etapa de los dos años de bachillerato. Pese a las sospechas de algunos expertos, no está demostrado que el bilingüismo incida en el problema, aunque se sabe que algunas becas de periodismo han sido declaradas desiertas porque los aspirantes -en este caso, alumnos formados exclusivamente en catalán y con poco uso diario del español- no alcanzaban el nivel gramatical mínimo exigido. "Los catalanes manejan el español mejor que el catalán e igual que los del resto de España", afirma Alberto Gómez Font, vicesecretario de la Fundéu y profesor de Periodismo Científico en la Universidad Pompeu Fabra. "Damos redacción en catalán y en castellano, y no vemos que haya diferencias significativas", indica Salvador Alsius, decano de Ciencias de la Información en esa misma universidad.
La cultura globalizadora uniformadora y pasiva del ocio audiovisual, el lenguaje coloquial de los medios de comunicación y la economía lingüística que acompaña la comunicación por teléfono móvil e Internet sí estarían contribuyendo a la pérdida de la riqueza expresiva del idioma. Y, sin embargo, tampoco cabe achacar todo el problema a la invocada nefasta influencia de las nuevas tecnologías que, a cambio de actualizar el género epistolar, fomentan una comunicación sustentada en abreviaturas y en un léxico elemental en el que la h ha quedado proscrita y la q es suplantada por la k. Ésta es la opinión de Alberto Gómez Font: "Las abreviaturas se utilizan desde la Edad Media, y, además, eso de que la gente lee cada vez menos es un tópico falso. Pero si se pasan todo el día en el ordenador".
Nadie niega, sin embargo, que el chateo juvenil, salpicado a menudo de ostentosas faltas de ortografía -no se sabe si fruto de la incuria, de la búsqueda del caos o del intento de asesinar a la lengua-, conlleva el apresuramiento y la precipitación, y, en esa medida, la renuncia a corregir el texto y a tratarlo con esmero. "Es normal que la jerga juvenil se renueve y resulte transgresora. La cuestión no son las abreviaturas de los SMS o los coloquialismos, sino el empobrecimiento extremo que a veces se refleja en cierta dificultad para razonar en abstracto y en la falta de adecuación al interlocutor", subraya Concepción Martínez Pasamar, directora del Instituto de Lengua y Cultura españolas de la Universidad de Navarra.
"Nada, pues aquí vengo, a que me expliques este 3, porque el examen me salió de puta madre", sería un ejemplo de esa falta de adecuación que hace que muchos universitarios españoles sólo se sirvan de una manera de expresarse, sea quien sea su interlocutor o las circunstancias de la charla. Y con demasiada frecuencia, la forma de expresión escrita es la pura oralidad vertida directamente sobre el folio en blanco: "Una breve consulta: voy a intentar presentarme al examen del día 1, si no, me presentaré al día 7. ¿Podría decirme cual es el temario que entra para examen?, la verdad es que con tanto parcial no se que entra en este examen, quisiera saber si entra de nuevo el temario del que nos hemos examinado o no. A su vez sería interesante saber los puntos del temario que entran. Espero que esta vez me entienda, saludos".
El proclamado objetivo de que, al finalizar la enseñanza obligatoria, el estudiante debe escribir sin faltas y estar gramaticalmente capacitado para cubrir sus necesidades de expresión futuras chirría enormemente al contacto con las cifras disponibles. Según el estudio del Instituto Nacional de Calidad y Evaluación, en 2001 sólo el 11% de los alumnos del último curso de ESO no cometía ninguna falta de ortografía en las letras, el 6% en las tildes y el 1% en los signos de puntuación. Pese a que en buena lógica, un universitario de fin de carrera tiene menos errores que un alumno de ESO, escribir correctamente es una habilidad que debe adquirirse con anterioridad.
En su intento de superar el empobrecimiento léxico, parte de la comunidad estudiantil busca refugio en el lenguaje administrativo y se adorna con un empalagamiento, un rebuscamiento postizo, un cultismo mal utilizado e inducido, en buena medida, por el mundo de la política y los medios de comunicación. "Lo que me preocupa es que detecto un lenguaje cada vez más alambicado, retórico y cursi. En eso, los alumnos coinciden con las gentes de la tele que quieren aparecer sofisticadas. Se ha extendido el hábito del eufemismo. El problema es más la oscuridad que la incorrección, y puede que su origen haya que buscarlo sobre todo entre los políticos y los medios", indica Ángel González, profesor de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid.
Un ejemplo de esa oscuridad impostada, de ese deleznable español que se nutre a menudo de muletillas y comodines, la aportaría el siguiente fragmento de un examen universitario: "Es obvia la existencia de dos tipos de registro en este texto. (...) Céntrome un momento en el texto culto. De la mano del redactor. Cabe resaltar la intervención, más allá de los hechos objetivamente concurridos en el evento; además de oraciones explicativas a modo de epíteto, como si se tratase un público al que todo hay que aclarárselo, también se denota la compadecida visión del propio autor hacia el mismo asunto".
Empobrecimiento del léxico y rebuscamiento impostado vienen a ser las dos caras de un mismo problema que muestra que el sistema no garantiza el aprendizaje del buen uso de la lengua.
El empleo abusivo del gerundio y de las comas -"muchos textos parecen salpicados de cagaditas de mosca", dice Alberto Gómez Font-; el uso errático de las tildes y los signos de puntuación; el desconocimiento de la ortografía; los vicios del laísmo, leísmo, yeísmo y dequeísmo; la sustitución del imperativo por el infinitivo ("comer" en lugar de "comed"), y la utilización del infinitivo como verbo principal ("decir que"... en lugar de "quiero decir que"...) compondrían algunos de los defectos más frecuentes. A eso hay que sumar la utilización de expresiones que los entendidos juzgan aberrantes, como "a nivel de...", introducidas desde la política y el periodismo.
En este panorama poco reconfortante reverdece la idea de que cualquier tiempo pasado fue mejor, mientras se asienta la convicción de que, contra lo que ocurre en otros países, a nuestros estudiantes no se les forma adecuadamente en la lectura, la escritura y la oratoria; no se les enseña a exponer sus conocimientos. Los estudios internacionales de evaluación Pirls (2006) y PISA (2003) demuestran que el nivel de comprensión lectora de nuestros estudiantes de primaria y secundaria está a la cola europea y se sitúa sólo ligeramente por encima de la media de los 40 países de la OCDE.
Un dato altamente significativo es que únicamente el 40% de los alumnos españoles tiene profesores con formación específica en didáctica de la lectura, mientras que en el plano internacional, ese porcentaje asciende al 57%. Muchos docentes echan en falta la actividad escolar de la lectura en voz alta, la exposición pública oral de un tema, y la profusión de redacciones y notas escritas que se mantienen en países anglosajones, y en Italia y Francia. "Aquí no se ha prestado atención hasta hace poco a la retórica, como ocurre, por ejemplo, en EE UU con las ligas de debate universitarias", apunta Concepción Martínez. "Los ingleses cuidan mucho más la presentación", sostiene Rosa María Molins.
Sin necesidad de avalar la vieja teoría, más mito que realidad, de que hasta el más iletrado de los franceses puede expresarse con soltura y precisión, parece establecido que la competencia lingüística general (claridad, coherencia, no reiteración) en un país como Francia es superior a la de España. La razón no habría que buscarla en la naturaleza pretendidamente más lógica y diáfana de la lengua francesa, sino en el hecho, constatado por lingüistas como Eugenio Coseriu, de que se expresan de manera más lógica y diáfana. Por tanto, se trata de una cuestión de educación en su sentido más amplio.
"En Francia hay un orgullo por la lengua que no encuentro en España", constata Ángel González. "Todos los profesores franceses, sea cual sea su asignatura, son antes que nada profesores de francés", subraya Manu Montero. El ex rector de la Universidad del País Vasco piensa, sin embargo, que el problema de la ortografía y del empobrecimiento del idioma no es exclusivo del español. "Tengo noticia de que unos maestros franceses hicieron la prueba de poner unos dictados de hace 60 años y comprobaron que los alumnos de hoy cometen muchas más faltas". En todo caso, además de contar con un sistema educativo tradicionalmente orientado a la búsqueda de la brillantez expositiva, la sociedad francesa valora mucho más el hablar y escribir bien.
"Si ahora se escribe peor, es por un asunto de mentalidad, porque hay mucha gente que cree que expresarse bien no es importante y que la lengua no sirve para nada", reflexiona José Antonio Pascual, lingüista y catedrático de la Universidad Carlos III. "Aunque el dominio de la lengua es fuente de poder y resulta indispensable si se aspira a tener una cabeza bien amueblada, parece que el éxito social se ve en otras cosas, como en el dinero o la fama", indica. "Debe de haber un motivo fuerte para que la lengua, que es sutileza, posibilidad de acuerdo, lo opuesto al mundo de las verdades absolutas del blanco y negro, no esté hoy valorada en nuestra sociedad".
Con todo, José Antonio Pascual tiene un mensaje esperanzador para los universitarios que se pelean con la gramática. "Cuando Fernando Lázaro Carreter (ex director de la Real Academia Española, RAE) leyó mi tesina sobre Pío Baroja, me dijo que no se entendía nada y que, si había decidido presentarla, era exclusivamente por no dejarme sin licenciatura. Bueno, creo que con el tiempo he ido mejorando y que ahora ya no escribo tan mal", apunta con ironía. Lo dice él, que es miembro de la Academia Española.
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domingo, 19 de octubre de 2008
LOS GÉNEROS LITERARIOS EN VÍDEO
Os presento un vídeo realizado por alumnos de bachillerato sobre los géneros literarios, es un vídeo entretenido que os puede servir de introducción a la clase que literatura que dediquemos al estudio de los géneros. ¡Ánimo!
PREMIOS NOBEL EN LENGUA ESPAÑOLA
En el vídeo podéis ver el nombre y el rostro de los premios Nóbel de literatura en lengua española. El último fue Octavio Paz en el 90, autor del que he publicado un artículo en este mismo blog, un artículo que habla de la lengua española. Os lo recomiendo.
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LA EDUCACIÓN EL EL CAMPO DE TIRO POLÍTICO
Largo reportaje extraído de la web www.elpais.es en el que se tratan algunos problemas de la educacíon, os servirá de información para tomar una postura responsable en la huelga convocada por el sindicato de estudiantes.
Siete de cada 10 leyes orgánicas que se han aprobado en el Parlamento a lo largo de la democracia han contado con el consenso del principal partido de la oposición. Las educativas, cero. Y se han aprobado 11. La educación se ha convertido en lucha ideológica, los debates son encarnizados y las polémicas abren profundas heridas históricas, religiosas, lingüísticas, morales y de poder. La víctima: la calidad.
El uso político de la educación se ha acusado a lo largo de la democracia a medida que los objetivos mínimos sobre los que es difícil discrepar, como la plena escolarización, se han ido cumpliendo. En otros países, como el Reino Unido o Francia, el enfrentamiento político por la educación está también a la orden del día. Pero en España esto incluye un elemento clave y diferente: la intervención de la Iglesia, con toda su influencia social, para luchar por no perder su poder.
La intromisión ha vuelto a quedar patente con la dura oposición de la Iglesia católica a la nueva asignatura obligatoria de Educación para la Ciudadanía. Alegan motivos morales. El PP les apoya. Esta alianza ha llegado a una situación extrema en dos comunidades gobernadas por los populares. Raya lo grotesco el caso de la Comunidad Valenciana -donde se enseña la materia, pero en inglés entre un profesor de filosofía o ética y otro de inglés, que hace de traductor- y lo legalmente discutible el caso de Madrid. Esta comunidad está amparando por escrito la objeción de conciencia. En Valencia, los inspectores enviados por la comunidad autónoma para vigilar si los centros imparten la materia en inglés acusaron de "politización" al Gobierno regional y los directores de la mayoría de los institutos se han rebelado contra el Gobierno regional. Auguran un suspenso general este curso para todos los alumnos.
Este nuevo episodio de manipulación de la educación abre claros interrogantes: ¿Es lícito, ético y razonable utilizar la educación como arma política arrojadiza? ¿Ha empezado esta politización a hacer mella en la eficacia del sistema con tantos cambios legales?
El primer aspecto del que se resienten los ciudadanos son los cambios legales. Las leyes que promovió el PP las cambió Zapatero en la pasada legislatura. Rajoy ha dicho que, si llega al poder, eliminará la asignatura Educación para la Ciudadanía, lo que abre la puerta a un cambio legal porque los populares tampoco comparten la filosofía de fondo de las leyes socialistas, basada en la llamada educación comprensiva (un modelo presente, por ejemplo, en Suecia, Finlandia y EE UU), que apuesta por compensar las desigualdades de partida de los alumnos más desfavorecidos.
Estas modificaciones implican cambios en la estructura de las enseñanzas, en las repeticiones de curso, en los contenidos, en los libros de texto... Cada ley viene seguida de una maraña de desarrollos, estatales y autonómicos. España ha tenido desde que empezó la democracia 11 leyes educativas (ocho no universitarias y tres universitarias).
De las 220 normas orgánicas aprobadas en España en la democracia, el 71% ha salido adelante con el apoyo del principal partido de la oposición, según el estudio Consensus and parliamentary opposition: the case of Spain, publicado en 2006 en la revista de Ciencia Política Government & Opposition por Alejandro Mújica e Ignacio Sánchez-Cuenca, que analiza las normas aprobadas hasta 2004. Ninguna era educativa. Tampoco se ha contado con ese apoyo en las dos leyes de 2006 y 2007. En la actualidad, hay tres orgánicas en vigor, una de ellas es la más básica (de 1985), la Constitución de la educación: la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE) [véase viñeta].
La politización se mantiene en España en alto grado cambiando los argumentos, opina Juan Antonio Ortega y Díaz-Ambrona, que fue ministro de Educación con UCD (en 1980 y 1981). "Hace 30 años giró sobre si la educación había de ser un 'servicio público, único y laico' o si había que admitir la enseñanza privada subvencionada, con el principio de 'libertad de enseñanza'. Hace unos 20 años (entre 1985 y 1990), la polémica giró en torno a la preparación, aprobación y aplicación de la LODE y la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE), con especial discusión sobre la participación y la comprensividad. Agotados estos filones, se encontraron otros muy prometedores como el de las humanidades, la enseñanza de la religión y ahora el asunto estrella (totalmente inadvertido antes) de la Educación para la Ciudadanía, que eclipsa a cualquier otro".
Este ex ministro cree que se trata claramente de una "politización interesada". "Los partidos están convencidos de que obtienen ventajas políticas en el mantenimiento de la tensión con un pretexto u otro. La enseñanza se convierte en campo de tiro o terreno para simulacros bélicos. Cada nuevo asunto que se saca de la chistera actúa como eficaz marcador identitario con cuerda para un lustro o dos".
La utilización política se ve también en las comunidades. Algunas gobernadas por el PP resaltan a menudo la mala situación de la educación pública; otras del PSOE ponen pegas a la concertada religiosa. El País Vasco ha apostado por ambas redes con el objetivo de fondo de euskaldunizar a toda la población. En Madrid, el Gobierno regional ha apostado por impulsar los conciertos. Se ha convertido en la segunda comunidad de España con más concertada (véase gráfico). Y la polémica en Cataluña o en Galicia se produce por el impulso de sus lenguas oficiales.
El portavoz de Educación del Grupo Popular en el Congreso, Juan Antonio Gómez Trinidad -que fue director general de Educación de La Rioja durante 12 años y es catedrático de instituto- reconoce también que la educación está cada vez más politizada. "Se está haciendo una instrumentalización de los currículos en función de programas políticos, por ejemplo, sobre historia o geografía, en algunas comunidades".
"Educar es una tarea política en el sentido amplio de la palabra. Otra cosa distinta es cuando se hace una utilización interesada de la educación. No se puede imponer a todos lo que piensan unos pocos. Éste es el error que ha cometido el Gobierno con Educación para la Ciudadanía". Gómez Trinidad expone la posición del PP sobre esta polémica: "Se ha intentado dar como admitido por todos lo que algunos pueden no compartir. Es legítima esa concepción distinta". ¿Sobre qué en concreto? "Hay gente que no comparte que se enseñe que la opción sexual está biológicamente determinada y que lo cultural no influye", responde Gómez Trinidad. "Lo que no se puede decir es que una determinada concepción es la del Estado, esto es lo que defiende el PP, que se pueda objetar si no se está de acuerdo con esto, pero no hemos incitado a la objeción ni hemos incumplido la ley".
Su homóloga del Grupo Socialista en el Congreso y también responsable de Educación en la Ejecutiva del PSOE, Cándida Martínez -que ha sido consejera de Educación de Andalucía durante ocho años-, desdramatiza el problema: "Se habla mucho de esta politización, de la confrontación, pero en el día a día de los centros escolares estas cosas se notan menos, no afectan. Es más un debate mediático o político. Afecta a los centros sólo cuando se dan situaciones como la enseñanza de Educación para la Ciudadanía en inglés en la Comunidad Valenciana porque se pone al profesorado en una situación complicada y eso sí crea tensión en los centros escolares. Ya va siendo hora de que pongamos en valor los acuerdos que hay sobre cuestiones básicas como la lucha contra el fracaso escolar y apuntar soluciones, no estar resaltando constantemente las diferencias". Esta portavoz socialista en la Cámara baja dice que "el modelo educativo es el que es, es estable y ha avanzado mucho, y es bueno que haya cada vez más acuerdos, pero se están produciendo entre comunidades en la Conferencia Sectorial".
Algunos mensajes políticos están provocando que las familias de las clases medias aparentemente laicas estén llevando a sus hijos a colegios concertados religiosos, porque se dice que los públicos están llenos de inmigrantes y baja el nivel de estudios. "Son mensajes políticos interesados, a favor de la concertada religiosa", opina el catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza Julián Casanova. "Detrás de todo hay una utilización política de la religión en un país que ya no es tan religioso como antes pero que tiene cordones umbilicales con ella".
El sociólogo Enrique Gil Calvo resalta, aparte de la influencia de la Iglesia y de los gobiernos autónomos, una cuestión parecida: "La sociedad civil no sólo ha tolerado sino que ha aceptado esta politización. La ciudadanía no tiene una conciencia profunda de para qué sirve la educación. De forma que la clase media progresista no tiene inconveniente en dar a sus hijos enseñanza religiosa concertada porque selecciona según las relaciones sociales y no según la calidad. Piensan que se colocarán en la sociedad por lo mucho que liguen, por la influencia de relaciones que establezcan y esto hace que les sea indiferente si la enseñanza está politizada o no. No tienen voluntad de excelencia sino que lo ven como un instrumento de relación y esto favorece la instrumentalización de la enseñanza por la clase política".
El recuerdo de la época en la que se debatió la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE) sigue provocando pesadillas a los líderes socialistas que gobernaban entonces. La Iglesia salió a protestar a la calle. Las imágenes de la época en las que se ve a las monjas y los curas bajando por la madrileña Castellana entre 1983 y 1985 lo evidencian. Ahora, 25 años después, han vuelto a salir contra la Ley Orgánica de Educación (LOE), sobre todo por Educación para la Ciudadanía.
"Las órdenes católicas habían ocupado la educación de forma masiva por la debilidad del Estado. Ya el Gobierno de UCD encontró mucha resistencia por parte de la Iglesia", explica el sociólogo y político socialista José María Maravall, ministro de Educación en la época de la LODE (entre 1982 y 1988). El 40% de los niños escolarizados en EGB en uno de los últimos cursos del franquismo (1976-1977) estudiaba en congregaciones religiosas católicas. Había 5,5 millones de alumnos ese año, casi tres millones de los cuales estaban en centros católicos. Ya entonces eran subvencionados por el Estado. En las décadas anteriores del franquismo su influencia era aún mayor.
"Hacia 1955, sólo uno de cada cinco centros de enseñanza media pertenecía al Estado, el resto eran sobre todo de los escolapios, jesuitas y dominicos", relata el historiador Julián Casanova. "En esas fechas había 70.000 alumnos en centros públicos en España frente a 170.000 confesionales católicos. Es una cifra ridícula, teniendo en cuenta que la población rondaba los 30 millones de habitantes. Con esa política, desde el Estado y la Iglesia se estimulaba la ignorancia", prosigue Casanova.
En 1970, con la Ley General de Educación (la que implanta la EGB, el BUP y el COU, que toma su nombre del ministro de entonces) se empezaron a construir más colegios públicos, pero la presencia de los centros religiosos era abrumadora y el Estado no tenía medios para construir una red pública alternativa. "Cuando ya sí los tuvo, a finales de los ochenta, se hubiera podido montar una alternativa pública clara", prosigue Casanova. "El PSOE no lo hizo por la presión de la Iglesia y porque tenía que afrontar muchas batallas a la vez: el aborto, el divorcio, la defensa de una sociedad laica, el golpe de Estado [1981], el terrorismo".
Elías Yanes, arzobispo emérito de Zaragoza y ex presidente de la Conferencia Episcopal (1987- 1993), da su visión de esa época en el libro Entrevistas con doce obispos españoles, de Isidro Catela. El religioso hace referencia a la importancia que tiene para la Iglesia mantener "la integridad de su doctrina" cuando se producen conflictos educativos de tipo moral. En los inicios de la democracia, discutían lo que se debía explicar del aborto en las aulas, un debate que, de fondo, tiene cierto paralelismo con el actual sobre Educación para la Ciudadanía: "Fue en la época de Maravall. Se trató del conflicto surgido con los llamados catecismos escolares, que eran en realidad libros de texto en los que se incorporaron casi textualmente las fórmulas del Concilio Vaticano II sobre el aborto. En el ministerio pensaban que en los centros oficiales no se podía enseñar una doctrina que estaba en contradicción con las leyes del Estado. Ése fue el problema de fondo. (...) La Iglesia mantuvo su posición. No hubo voluntad de que de aquella situación salieran vencedores ni vencidos, pero creo que se mantuvo la integridad de la doctrina, buscando expresiones adecuadas para que nuestra postura fuera mejor comprendida".
Maravall recuerda bien esa época: "La Iglesia siempre vio una amenaza en la expansión del Estado. Cuando se extendió la educación obligatoria a los 16 años, en 1990, les preocupaba a cargo de quién se haría", explica. La LODE establecía el sistema de financiación de los conciertos. Éste fue el quid de la cuestión, lo que levantó las quejas de las instituciones católicas. Se regularon a cambio de una serie de obligaciones, las mismas que tenían los públicos: respetar los derechos laborales de los profesores, la libertad de conciencia de los alumnos (no les podían obligar a ir a misa, por ejemplo) y las reglas de admisión de alumnos debían ser las mismas que en los centros públicos.
¿Es posible que algún día se llegue a un pacto de Estado en educación? Iglesia, PP y PSOE dicen que se debería poder lograr. Es en lo único que coinciden. Julián Casanova pone la nota de escepticismo: "Claro que sería posible, ya habría sucedido sin la Iglesia, pero con ella por medio es impensable. En España, la Iglesia está metida en las negociaciones de la educación. En cualquier otro país sería impensable".
Siete de cada 10 leyes orgánicas que se han aprobado en el Parlamento a lo largo de la democracia han contado con el consenso del principal partido de la oposición. Las educativas, cero. Y se han aprobado 11. La educación se ha convertido en lucha ideológica, los debates son encarnizados y las polémicas abren profundas heridas históricas, religiosas, lingüísticas, morales y de poder. La víctima: la calidad.
El uso político de la educación se ha acusado a lo largo de la democracia a medida que los objetivos mínimos sobre los que es difícil discrepar, como la plena escolarización, se han ido cumpliendo. En otros países, como el Reino Unido o Francia, el enfrentamiento político por la educación está también a la orden del día. Pero en España esto incluye un elemento clave y diferente: la intervención de la Iglesia, con toda su influencia social, para luchar por no perder su poder.
La intromisión ha vuelto a quedar patente con la dura oposición de la Iglesia católica a la nueva asignatura obligatoria de Educación para la Ciudadanía. Alegan motivos morales. El PP les apoya. Esta alianza ha llegado a una situación extrema en dos comunidades gobernadas por los populares. Raya lo grotesco el caso de la Comunidad Valenciana -donde se enseña la materia, pero en inglés entre un profesor de filosofía o ética y otro de inglés, que hace de traductor- y lo legalmente discutible el caso de Madrid. Esta comunidad está amparando por escrito la objeción de conciencia. En Valencia, los inspectores enviados por la comunidad autónoma para vigilar si los centros imparten la materia en inglés acusaron de "politización" al Gobierno regional y los directores de la mayoría de los institutos se han rebelado contra el Gobierno regional. Auguran un suspenso general este curso para todos los alumnos.
Este nuevo episodio de manipulación de la educación abre claros interrogantes: ¿Es lícito, ético y razonable utilizar la educación como arma política arrojadiza? ¿Ha empezado esta politización a hacer mella en la eficacia del sistema con tantos cambios legales?
El primer aspecto del que se resienten los ciudadanos son los cambios legales. Las leyes que promovió el PP las cambió Zapatero en la pasada legislatura. Rajoy ha dicho que, si llega al poder, eliminará la asignatura Educación para la Ciudadanía, lo que abre la puerta a un cambio legal porque los populares tampoco comparten la filosofía de fondo de las leyes socialistas, basada en la llamada educación comprensiva (un modelo presente, por ejemplo, en Suecia, Finlandia y EE UU), que apuesta por compensar las desigualdades de partida de los alumnos más desfavorecidos.
Estas modificaciones implican cambios en la estructura de las enseñanzas, en las repeticiones de curso, en los contenidos, en los libros de texto... Cada ley viene seguida de una maraña de desarrollos, estatales y autonómicos. España ha tenido desde que empezó la democracia 11 leyes educativas (ocho no universitarias y tres universitarias).
De las 220 normas orgánicas aprobadas en España en la democracia, el 71% ha salido adelante con el apoyo del principal partido de la oposición, según el estudio Consensus and parliamentary opposition: the case of Spain, publicado en 2006 en la revista de Ciencia Política Government & Opposition por Alejandro Mújica e Ignacio Sánchez-Cuenca, que analiza las normas aprobadas hasta 2004. Ninguna era educativa. Tampoco se ha contado con ese apoyo en las dos leyes de 2006 y 2007. En la actualidad, hay tres orgánicas en vigor, una de ellas es la más básica (de 1985), la Constitución de la educación: la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE) [véase viñeta].
La politización se mantiene en España en alto grado cambiando los argumentos, opina Juan Antonio Ortega y Díaz-Ambrona, que fue ministro de Educación con UCD (en 1980 y 1981). "Hace 30 años giró sobre si la educación había de ser un 'servicio público, único y laico' o si había que admitir la enseñanza privada subvencionada, con el principio de 'libertad de enseñanza'. Hace unos 20 años (entre 1985 y 1990), la polémica giró en torno a la preparación, aprobación y aplicación de la LODE y la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE), con especial discusión sobre la participación y la comprensividad. Agotados estos filones, se encontraron otros muy prometedores como el de las humanidades, la enseñanza de la religión y ahora el asunto estrella (totalmente inadvertido antes) de la Educación para la Ciudadanía, que eclipsa a cualquier otro".
Este ex ministro cree que se trata claramente de una "politización interesada". "Los partidos están convencidos de que obtienen ventajas políticas en el mantenimiento de la tensión con un pretexto u otro. La enseñanza se convierte en campo de tiro o terreno para simulacros bélicos. Cada nuevo asunto que se saca de la chistera actúa como eficaz marcador identitario con cuerda para un lustro o dos".
La utilización política se ve también en las comunidades. Algunas gobernadas por el PP resaltan a menudo la mala situación de la educación pública; otras del PSOE ponen pegas a la concertada religiosa. El País Vasco ha apostado por ambas redes con el objetivo de fondo de euskaldunizar a toda la población. En Madrid, el Gobierno regional ha apostado por impulsar los conciertos. Se ha convertido en la segunda comunidad de España con más concertada (véase gráfico). Y la polémica en Cataluña o en Galicia se produce por el impulso de sus lenguas oficiales.
El portavoz de Educación del Grupo Popular en el Congreso, Juan Antonio Gómez Trinidad -que fue director general de Educación de La Rioja durante 12 años y es catedrático de instituto- reconoce también que la educación está cada vez más politizada. "Se está haciendo una instrumentalización de los currículos en función de programas políticos, por ejemplo, sobre historia o geografía, en algunas comunidades".
"Educar es una tarea política en el sentido amplio de la palabra. Otra cosa distinta es cuando se hace una utilización interesada de la educación. No se puede imponer a todos lo que piensan unos pocos. Éste es el error que ha cometido el Gobierno con Educación para la Ciudadanía". Gómez Trinidad expone la posición del PP sobre esta polémica: "Se ha intentado dar como admitido por todos lo que algunos pueden no compartir. Es legítima esa concepción distinta". ¿Sobre qué en concreto? "Hay gente que no comparte que se enseñe que la opción sexual está biológicamente determinada y que lo cultural no influye", responde Gómez Trinidad. "Lo que no se puede decir es que una determinada concepción es la del Estado, esto es lo que defiende el PP, que se pueda objetar si no se está de acuerdo con esto, pero no hemos incitado a la objeción ni hemos incumplido la ley".
Su homóloga del Grupo Socialista en el Congreso y también responsable de Educación en la Ejecutiva del PSOE, Cándida Martínez -que ha sido consejera de Educación de Andalucía durante ocho años-, desdramatiza el problema: "Se habla mucho de esta politización, de la confrontación, pero en el día a día de los centros escolares estas cosas se notan menos, no afectan. Es más un debate mediático o político. Afecta a los centros sólo cuando se dan situaciones como la enseñanza de Educación para la Ciudadanía en inglés en la Comunidad Valenciana porque se pone al profesorado en una situación complicada y eso sí crea tensión en los centros escolares. Ya va siendo hora de que pongamos en valor los acuerdos que hay sobre cuestiones básicas como la lucha contra el fracaso escolar y apuntar soluciones, no estar resaltando constantemente las diferencias". Esta portavoz socialista en la Cámara baja dice que "el modelo educativo es el que es, es estable y ha avanzado mucho, y es bueno que haya cada vez más acuerdos, pero se están produciendo entre comunidades en la Conferencia Sectorial".
Algunos mensajes políticos están provocando que las familias de las clases medias aparentemente laicas estén llevando a sus hijos a colegios concertados religiosos, porque se dice que los públicos están llenos de inmigrantes y baja el nivel de estudios. "Son mensajes políticos interesados, a favor de la concertada religiosa", opina el catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza Julián Casanova. "Detrás de todo hay una utilización política de la religión en un país que ya no es tan religioso como antes pero que tiene cordones umbilicales con ella".
El sociólogo Enrique Gil Calvo resalta, aparte de la influencia de la Iglesia y de los gobiernos autónomos, una cuestión parecida: "La sociedad civil no sólo ha tolerado sino que ha aceptado esta politización. La ciudadanía no tiene una conciencia profunda de para qué sirve la educación. De forma que la clase media progresista no tiene inconveniente en dar a sus hijos enseñanza religiosa concertada porque selecciona según las relaciones sociales y no según la calidad. Piensan que se colocarán en la sociedad por lo mucho que liguen, por la influencia de relaciones que establezcan y esto hace que les sea indiferente si la enseñanza está politizada o no. No tienen voluntad de excelencia sino que lo ven como un instrumento de relación y esto favorece la instrumentalización de la enseñanza por la clase política".
El recuerdo de la época en la que se debatió la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE) sigue provocando pesadillas a los líderes socialistas que gobernaban entonces. La Iglesia salió a protestar a la calle. Las imágenes de la época en las que se ve a las monjas y los curas bajando por la madrileña Castellana entre 1983 y 1985 lo evidencian. Ahora, 25 años después, han vuelto a salir contra la Ley Orgánica de Educación (LOE), sobre todo por Educación para la Ciudadanía.
"Las órdenes católicas habían ocupado la educación de forma masiva por la debilidad del Estado. Ya el Gobierno de UCD encontró mucha resistencia por parte de la Iglesia", explica el sociólogo y político socialista José María Maravall, ministro de Educación en la época de la LODE (entre 1982 y 1988). El 40% de los niños escolarizados en EGB en uno de los últimos cursos del franquismo (1976-1977) estudiaba en congregaciones religiosas católicas. Había 5,5 millones de alumnos ese año, casi tres millones de los cuales estaban en centros católicos. Ya entonces eran subvencionados por el Estado. En las décadas anteriores del franquismo su influencia era aún mayor.
"Hacia 1955, sólo uno de cada cinco centros de enseñanza media pertenecía al Estado, el resto eran sobre todo de los escolapios, jesuitas y dominicos", relata el historiador Julián Casanova. "En esas fechas había 70.000 alumnos en centros públicos en España frente a 170.000 confesionales católicos. Es una cifra ridícula, teniendo en cuenta que la población rondaba los 30 millones de habitantes. Con esa política, desde el Estado y la Iglesia se estimulaba la ignorancia", prosigue Casanova.
En 1970, con la Ley General de Educación (la que implanta la EGB, el BUP y el COU, que toma su nombre del ministro de entonces) se empezaron a construir más colegios públicos, pero la presencia de los centros religiosos era abrumadora y el Estado no tenía medios para construir una red pública alternativa. "Cuando ya sí los tuvo, a finales de los ochenta, se hubiera podido montar una alternativa pública clara", prosigue Casanova. "El PSOE no lo hizo por la presión de la Iglesia y porque tenía que afrontar muchas batallas a la vez: el aborto, el divorcio, la defensa de una sociedad laica, el golpe de Estado [1981], el terrorismo".
Elías Yanes, arzobispo emérito de Zaragoza y ex presidente de la Conferencia Episcopal (1987- 1993), da su visión de esa época en el libro Entrevistas con doce obispos españoles, de Isidro Catela. El religioso hace referencia a la importancia que tiene para la Iglesia mantener "la integridad de su doctrina" cuando se producen conflictos educativos de tipo moral. En los inicios de la democracia, discutían lo que se debía explicar del aborto en las aulas, un debate que, de fondo, tiene cierto paralelismo con el actual sobre Educación para la Ciudadanía: "Fue en la época de Maravall. Se trató del conflicto surgido con los llamados catecismos escolares, que eran en realidad libros de texto en los que se incorporaron casi textualmente las fórmulas del Concilio Vaticano II sobre el aborto. En el ministerio pensaban que en los centros oficiales no se podía enseñar una doctrina que estaba en contradicción con las leyes del Estado. Ése fue el problema de fondo. (...) La Iglesia mantuvo su posición. No hubo voluntad de que de aquella situación salieran vencedores ni vencidos, pero creo que se mantuvo la integridad de la doctrina, buscando expresiones adecuadas para que nuestra postura fuera mejor comprendida".
Maravall recuerda bien esa época: "La Iglesia siempre vio una amenaza en la expansión del Estado. Cuando se extendió la educación obligatoria a los 16 años, en 1990, les preocupaba a cargo de quién se haría", explica. La LODE establecía el sistema de financiación de los conciertos. Éste fue el quid de la cuestión, lo que levantó las quejas de las instituciones católicas. Se regularon a cambio de una serie de obligaciones, las mismas que tenían los públicos: respetar los derechos laborales de los profesores, la libertad de conciencia de los alumnos (no les podían obligar a ir a misa, por ejemplo) y las reglas de admisión de alumnos debían ser las mismas que en los centros públicos.
¿Es posible que algún día se llegue a un pacto de Estado en educación? Iglesia, PP y PSOE dicen que se debería poder lograr. Es en lo único que coinciden. Julián Casanova pone la nota de escepticismo: "Claro que sería posible, ya habría sucedido sin la Iglesia, pero con ella por medio es impensable. En España, la Iglesia está metida en las negociaciones de la educación. En cualquier otro país sería impensable".
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lunes, 13 de octubre de 2008
NUESTRA LENGUA, por Octavio Paz
Os presento un fragmento de un escritor mexicano, Octavio Paz, que trata de la lengua española; el artículo entero fue publicado en un periódico de Mexico en el año 1997. Como es un artículo denso, lo iré publicando en fragmentos. De momento os dejo con éste que plantea la unidad de un idioma, el español, que acoge diversas singularidades.
La lengua es más vasta que la literatura. Es su origen, su manantial y su condición misma de existencia; sin lengua no habría literatura. El castellano contiene a todas las obras que se han escrito en nuestro idioma, desde las canciones de gesta y los romances a las novelas y poemas contemporáneos; también a las que mañana escribirán unos autores que aun no nacen. Muchas naciones hablan el idioma castellano y lo identifican como su lengua maternal; sin embargo, ninguno de esos pueblos tiene derechos de exclusividad y menos aun de propiedad. La lengua es de todos y de nadie.¿Y las normas que la rigen? Si, nuestra lengua, como todas, posee un conjunto de reglas pero esas reglas son flexibles y están sujetas a los usos y a las costumbres: el idioma que hablan los argentinos no es menos legítimo que el de los españoles, los peruanos, los venezolanos o los cubanos. Aunque todas esas hablas tienen características propias, sus singularidades y sus modismos se resuelven al fin en unidad. El idioma vive en perpetuo cambio y movimiento; esos cambios aseguran su continuidad y ese movimiento su permanencia. Gracias a sus variaciones, el español sigue siendo una lengua universal, capaz de albergar las singularidades y el genio de muchos pueblos.
La lengua es más vasta que la literatura. Es su origen, su manantial y su condición misma de existencia; sin lengua no habría literatura. El castellano contiene a todas las obras que se han escrito en nuestro idioma, desde las canciones de gesta y los romances a las novelas y poemas contemporáneos; también a las que mañana escribirán unos autores que aun no nacen. Muchas naciones hablan el idioma castellano y lo identifican como su lengua maternal; sin embargo, ninguno de esos pueblos tiene derechos de exclusividad y menos aun de propiedad. La lengua es de todos y de nadie.¿Y las normas que la rigen? Si, nuestra lengua, como todas, posee un conjunto de reglas pero esas reglas son flexibles y están sujetas a los usos y a las costumbres: el idioma que hablan los argentinos no es menos legítimo que el de los españoles, los peruanos, los venezolanos o los cubanos. Aunque todas esas hablas tienen características propias, sus singularidades y sus modismos se resuelven al fin en unidad. El idioma vive en perpetuo cambio y movimiento; esos cambios aseguran su continuidad y ese movimiento su permanencia. Gracias a sus variaciones, el español sigue siendo una lengua universal, capaz de albergar las singularidades y el genio de muchos pueblos.
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